Olor envolvente a canela, a polvorón y mantecado en otoño, a aceite virgen afrutado en invierno que invade y penetra incluso en los vehiculos que circulan velozmente por la A-92, atrapando los sentidos de los viajeros que inconscientemente abren la ventanilla para convertir en sabores los olores. Paladar y promesas que se han de cumplir para descubrir una ciudad donde tiene sede la gastronomía, donde está presente la historia con sus monumentos, y es a su vez balcón y corazón de Andalucía. Gastronomía, historia y paisaje... hablamos de Estepa
Una ciudad brota de un promontorio, el del Cerro de San Cristobal, que se extiende por las faldas del mismo dibujando la silueta de una paloma en vuelo.
Casas blancas, calles empinadas, templos y palacetes, pero tambien un casrío popular que configura barrios con una personalidad propia, y una historia común. Piedras que acumulan el paso de los siglos, rincones que conservan la memoria de un pueblo.
Estepa, castillo desafiante que antaño controlaba los campos de batalla, y desde el cual hoy se contempla el colorido de su campiña, invitando al viajero que de lejos vislumbra la ciudad a no pasar de largo sin perderse en sus entrañas.